Para bares, cafeterías, barberías y tiendas de barrio
Tus clientes guardan la tarjeta de tu local en el móvil, como una tarjeta de embarque. Tú pones los sellos con tu propio móvil. Ellos ven cuánto les falta para el premio sin preguntarte, y sin instalarse ninguna aplicación.
Ese botón abre una tarjeta de verdad de un local de prueba. Puedes darte de alta y ver cómo funciona antes de hablar conmigo.
La cartilla de cartón se moja, se pierde y se olvida en un cajón. La aplicación del local nadie se la instala. Y el cliente que vino una vez no tiene ningún motivo para acordarse de ti el jueves que viene.
El cliente acerca el móvil a tu tarjeta, o escanea el QR del cartel.
Guarda su tarjeta. Sin descargar nada, sin cuenta, sin contraseña.
Cada vez que viene, tú le pones el sello desde tu móvil. Un toque.
Su tarjeta se actualiza sola. Él ve lo que le falta. Vuelve a por ello.
Su nombre, tus colores, y lo único que de verdad le importa: cuánto le falta. Se abre al instante, funciona en cualquier móvil y no le pide nada.
Un panel que responde en diez segundos a lo único que preguntas: qué está pasando hoy. Y un escáner que se abre en tu móvil detrás de la barra.
Si ya te hice tarjetas o carteles con NFC y QR, no hay que reimprimir nada. El plástico sigue siendo el mismo: lo que cambia es a dónde lleva. Se cambia desde el panel, en un minuto, y las tarjetas que tus clientes ya tienen en la mano empiezan a funcionar con esto.
Sin alta. Sin permanencia.
Google Wallet ya funciona. Apple Wallet aún no: falta la licencia de desarrollador de Apple, que es de pago y está en camino. Mientras tanto, quien tenga iPhone usa la tarjeta web — se ve igual, se actualiza igual y funciona igual, sólo que se guarda en favoritos en vez de en la aplicación Cartera. Prefiero decírtelo ahora que después.